¿Vacunas o progreso? No, más vergüenza a la política brasileña

Propuesta para cambiar el sistema político en Brasil, más allá de bochornosa, tiene doble fin: quitar atención de los cada día más evidentes crímenes del genocida y precaverse ante el posible resultado de las próximas generales.

Joder, son unos putos cracks. Si, no es el comentario mas adecuado a la prensa parlamentar, sin embargo me temo ser el que mejor cuadra con los titulares de la prensa brasileña al noticiar la última “invención” del presidente de la Câmara dos Deputados Arthur Lira. Él, un soldado del pseudopresidente brasileño, hace una maniobra de escapismo: tiene en las manos más de cien pedidos de impeachment. Uno, a fines de junio, recogía 23 crímenes de la Lei do impeachment cuya culpa recae sobre el jefe del ejecutivo.

Pero no, para el presidente de la Câmara hay cosas más importantes, como aprobar las reformas de la agenda neoliberal arcaica que solamente en Brasil alguien aún se las cree. Entonces saca su conejo, el proyecto de agosto del año pasado, que cambia el sistema de gobierno de presidencialismo para semi-presidencialismo. Eso quitaría parte del poder de la figura del presidente de la república y lo alocaría en la figura del primero ministro, elegido por el parlamento.

En Brasil hay dos “papeletas” distintas: una para votar para presidente y otra para votar a los diputados. Allí, uno podría votar al mismo tiempo a Pedro Sánchez para presidente y Ana Pastor a diputada. ¿Puede pasar un ejecutivo no tener mayoría en el legislativo? Sí, puede. Exige negociación, acuerdos y otros que a lo mejor no corresponden a las prácticas más adecuadas. Sí. Pero el ejecutivo va hacer (o intentar), para bien o para mal, lo que tiene en su programa de gobierno.

Puede sonar muy bien a los días de hoy, con el imbécil que vive al Planalto, quitar poderes del presidente. Pero ahí vive la trampa: dejar el país en manos de la cosa más abyecta de la política brasileña, el centrão.

¿Y de que va eso? En 2021 hay una pandemia matando la población, el hambre, el paro, la violencia y todo más de mal que hay invadiendo la Sudamérica luso hablante. Sin embargo en poco más de un año habrá generales en Brasil. Por un lado el genocida – que por desgracia se sostiene en el poder – sigue cuesta abajo en todas las encuestas. Por otro, Lula – libre y candidato – lidera todos los sondeos. Houston, we have a problem.

Hay que reinventarse. En 2016 han creado la pedalada fiscal unicamente para hacer una “moción de censura” a la presidenta Dilma Rousseff. En 2018 han encarcelado Lula en un juicio absolutamente tendencioso, sin pruebas y avergonzante a cualquier magistratura, para que no pudiera concurrir a las generales. Pues en 2021 sacan un nuevo cromo, ya que figurita repetida no rellena el álbum.

Puede sonar muy bien a los días de hoy, con el imbécil que vive al Planalto, quitar poderes del presidente. Y ahí vive la trampa. Eso entregaría el control del país no a quien ha votado la población – cuya legitimidad de las urnas, por más alucinada que sea, tiene. Pero aún peor, entregaría su comando al la cosa más abyecta de la política brasileña, el centrão.

El centrão es un grupo informal que ronda unos 200 escaños de los 513. En portugués se suele definir como fisiológico; buscando la RAE me gustó el término anamorfosis: pintura o dibujo que ofrece a la vista una imagen deforme y confusa, o regular y acabada, según desde donde se la mire. Son diputados y partidos que no tienen una ideología o un programa de gobierno propio cementado. No hay el embate dialetico que se podría producir entre PT-PSDB, mucho menos son bisagra. Tal vez veleta, al fin y al cabo su codicia no distingue colores. Su única aspiración es mantenerse en la política para obtener ventajas, votando proyectos o leyes a cambio de pasta o cargos. Que rabia me da escribir, es de esta mierda que vengo.

Al empezar su legislatura, el pseudopresidente tenía freso el discurso de “se acabó la vieja política, acabó la corrupción, acabou o toma lá dá cá“. Con una capacidad de articular cercana a de un adoquín, no dialogaba con los partidos, sino con grupos de diputados de acuerdo con cada materia. Recordemos los muy famosos allí “GP BBB”: bíblia, bala e boi, casualmente parte considerable de su electorado.

Biblia unos evangélicos alucinados a los cuales niñas visten rosa y niños azul (cuyos conceptos como de la encíclica Fratelli tutti no les valen, claro). Bala los matones que pregonan la solución a la violencia es regalar una rifle a cada ciudadano y matemos nos libremente (principalmente la policía, claro). Buey los gilipollas de la agropecuaria que incendian Amazônia y Pantanal para plantar soja y ganadería (todo para exportar, claro).

Todavía, al percibir que distintas investigaciones, a nombres como Queiroz, Wassef, Adriano, a su propia familicia y a sus bochornosos ministros hacían la remota posibilidad de un impeachment ocurrir, no quedó otra. Llamó a los siempre presentes y formó su “ejército” – o sea, otro, una vez que hay más militares enchufados que en la dictadura militar. El despilfarro continúa.

Todo en la vida tiene su coste, no olvidemos. Y la sed de estos es insaciable. Son como parásitas, que sorben hasta matar. En ese caso, matar un país que hace poco tenía un proyecto de desarrollo, de nación, y no de destruición, entreguismo y muerte. El ejemplo cristalino y en curso de la, a quienes quieran mirar mientras beben una copa, de necropolitica. Una vez en sus manos, el hombre que mandó a la cueva más de medio millón de brasileños sabe que puede dormir tranquilo en Brasília mientras alimente sus nuevos “socios”. Y que esta en las manos de ellos – al día de hoy, Arthur Lira – no solamente acatar un pedido de impedimento como sumar mayorías para desalojarlo. Teniendo rehén el presidente, negocio cerrado; El País Brasil notició a mayo de 2020 que ya tenía ese peculiar bloque R$73.000 millones a su control – 2% de los presupuestos del Estado.

Congresso Nacional do Brasil: el Senado Federal y la Câmara dos Deputados

Entre sus defensores está el presidente del Tribunal Superior Eleitoral, Luís Roberto Barroso, e otro ministro del Supremo, Gilmar Mendes. Lira dice que el presidencialismo en Brasil es “inestable”. Es una doble muletilla. Cara, sirve para quitar atención de población y prensa de la CPI que investiga las denuncias de corrupción en chanchullos por la compra de vacunas y tocan directamente al hombre que dice que vacunar te transforma en cocodrilo. Corona, quita Lula, caso electo, o mesmo el actual beocio – porque son casposos pero no tontos, y hasta ellos, con lo que cae, saben es malísimo para el país seguir con el “trump de los trópicos”.

Esa supuesta inestabilidad no es culpa del presidencialismo, y tiene muchas caras. Quizás la principal sea el proprio centrão, – en último análisis el mismo legislativo que elegiría el primero ministro o ministra. Y que ahora intenta consumar el tercero acto del golpe. También, y mucho, el judiciario que no supo – o no quiso – intervenir en un impeachment sin crimen y una condena sin pruebas. Ahora paga el precio de tener un presidente que día sí y día también adula golpe, acaricia su audiencia fiel con embustes y desde ayer pone las generales del 22 en sospecha si no las gana. Y su parte también toca la prensa, al actuar como un partido político y alabar en los noticiarios y portadas lo que interesa a la mismas minorías detenedoras del poder económico.

Y a los mayorcitos que recuerden la primera “moción de censura” de la historia del Brasil, Fernando Collor de Melo. No, no lo han sacado por un Fiat Elba; ni por los caras-pintada por más bonito quede en la fotografía. Quien quiere todo, en ese ambiente, queda sin nada. Si por un lado sus políticas iban mal, por otro tenía nulo apoyo parlamentar. Lo que pasó ahí sin embargo, quizá nunca se sepa: su hermano Pedro, principal acusador, murió poco después con cáncer en el cerebro; su tesorero y escudero PC Farias asesinado en 96 en un crimen hasta hoy oscuro.

Mirando a lo retrovisor

La población brasileña votó, en 1993, un plebiscito para decidir el sistema y la forma de gobierno. Ojo, estamos hablando de cuando solamente se había producido una elección directa para presidente, tras los años de dictadura militar. Entre presidencialismo x parlamentarismo, 55,7% ante 24,9%. También se optó por la república (66,3%) ante la monarquía (10,2%). Otra consulta había ocurrido en 1963 – aquél entonces la abrumadora mayoría (casi 83%) quiso la vuelta del presidencialismo, poniendo fin a la corto período de parlamentarismo en terra brasilis. Casualmente, el poder retornó a João Goulart, lo cual los militares habían impedido que fuera presidente con plenos poderes dos años antes. Jango fue depuesto el año siguiente, tras el golpe que instauró los 21 años de dictadura militar en Brasil. Ah, la historia…

Papeleta de la consulta de 93: victoria republicana

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