Con la palabra, las portadas

Los periódicos más grandes de Brasil – que representan en realidad la posición de toda la grande media del país – dejan un claro recado en sus portadas tras las protestas contra el presidente brasileño en el 29M

Una rápida mirada a las portadas de O Estado de São Paulo, Folha de São Paulo e O Globo pasados los actos ya muestra que algo va mal. Pero si las comparamos con otras protestas, las del 2016 contra la presidenta Dilma Rousseff, percibimos que nada es por acaso.

El 29M fue la fecha de manifestaciones en más de 200 ciudades de Brasil e otra docena en el exterior. No faltan motivos: la caótica gestión del gobierno ante la pandemia del coronavirus que a la muerte ya llevó a la muerte más de 460 mil personas; la falta de vacunas; negligencia, bochorno y mediocridad de un presidente mafioso y miliciano. La respuesta del jefe máximo de la nación, publicar una fotografía en redes sociales con una camiseta cuya vergüenza me impide de traducir el mensaje. Un momento crucial en la historia de esa joven democracia, que no obstante para dos de los tres periódicos más grandes del país no merecen destaque.

Portadas de Folha, Estadão e Globo el día siguiente a las protestas del 29M-21

Hay que ser justo: sí, Folha ha noticiado el echo. Pero Estadão y Globo, cinco y tres líneas. sí llega un extraterrestre en Brasil, pensaría que el país va sí muy bien. Hago aquí un paréntesis, más allá de la ausencia de las protestas (y la misma publicidad, casualmente una empresa de dueño afecto al actual presidente). Los titulares – hablando de turismo y ciudades que buscan atraer home office y estímulo del PIB – y imágenes – orgánicos y música – desvían completamente el foco de lo que es necesidad urgente hoy.

El hambre de la gente, la ausencia de una renta de emergencia, los índices de paro y de miseria cada vez más grandes. Sin querer alargarme, ahí podríamos meter que tipos de home office y cuanto saludables son a los trabajadores, cuanto el aumento del PIB realmente mejora la vida de la gente en un país de desigualdad sin tamaño como es Brasil… Pero bueno, volvamos a las portadas. En 2016, después de una jornada de protestas contra la presidenta Dilma, así saíran los tres diários:

Portadas de Folha, Estadão e Globo el día siguiente a las protestas del 13M-16

Hablan por sí. La portada completa, casi una pancarta contra la presidenta que iba sufrir el golpe parlamentario que alojaría Michel Temer en el Planalto y crearía la senda para la futura elección del que hoy ocupa el trono. Me quedé apenas con los de circulación nacional, pero podría incluir muchos más. Y, claro, las cadenas de televisión. De hecho, hice el vistazo y me tomaría muchísimo más tiempo recopilar las portadas para hacer el comparativo.

A lo mejor se podría en su defensa decir que han omitido, no mentido, como en el episodio de la Diretas Já, cuando deturparon el significado de las manifestaciones por lo que sería nuestra “transición” y las escondieron mientras fuera posible. No por nada, décadas después admitieron haber colaborado con la dictadura militar. Quizás en 2050 hagan editoriales concordando que lo pasado el último finde fue un error.

La prensa internacional no observó el 29M de la misma manera, como muestran algunos reportajes. Ahí están Le Monde, La Repubblica, Frankfurter Allgemeine, El País, Público, Guardian, Al Jazeera, Clarín, Mercúrio, NY Times.

Los medios de comunicación brasileños ya tenían ahí su ruta de actuación para quitar del poder el Partido dos Trabalhadores – con especial labor de la revista Veja. Supongo que efectivamente no querían una figura como la cual han apoyado, sino un tipo “liberal-pseudodemócrata”, pero no había opción. Es cierto que, una vez en el poder, su comportamiento despótico creó grietas, y hubo un “semi-cambio general”, por lo cual mismo grandes medio pasaron a actuar de manera critica al circulo presidencial y ministerial. Pero, afuera ser el presidente brasileño estúpido, ladrón y genocida, la política económica dirigida a las élites, fomentando la exclusión, perda de derechos, desigualdad social y abismo entre clases es la misma.

Intereses velados donde los perjuicios son públicos pero las ganancias privadas, sumados a valores que son verdadero descalabro. Eso es lo que gobierna hoy el (no me canso de repetir) país más grande de la América Latina. El breve ímpetu “democrático” de una prensa libre y combativa empieza a desvelarse. Lula será candidacto en 2022, pero no espere que la discrepancia de la prensa con su mayor adversario implique neutralidad – o a lo mejor, sí una neutralidad veleta de no comprometerse, mismo que eso implique no quedarse al lado de la democracia frente al fascismo.

Hay sí mucho por pasar hasta las elecciones brasileñas. Pero la carrera el larga, y son complejos los procesos como los que llevaron, por ejemplo, hacer con que la farsa de la operação lava-jato y sus capullos consiguieran quitar una presidente democráticamente elegida y encarcelar uno ex-presidente por “convicción”. Quizás ahora, conocidos los dos aspirantes a la presidencia quienes realmente van por la disputa, surjan más contornos en esa carretera.

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