¿Vergüenza?

¿Hay vergüenza en el deporto? Ante diferentes puntos de análisis, quizás si. Un partido muy malo, una derrota inolvidable como el 7-1 entre Brasil y Alemania. Pero no es de facto una vergüenza, son hechos del ámbito deportivo. La verdadera vergüenza esta cuándo cambiamos de “editorial”, cambiando para la sección “policía”, y en efecto dejando una mancha que a nosotros que aman el fútbol profundamente entristece.

Vergüenza fue la palabra más utilizada por la prensa argentina tras el partido – que no hube – lo cual debería ser el ápice de Copa Libertadores da América, son solo en este año. Por la noche de sábado no se escribió sobre campeones, goles, polémicas, no se mostraran imágenes bonitas de conmemoración de jugadores y hinchas. Lo que se vio apenas fue violencia, caos, estupidez. Todo menos fútbol, que todo el mundo aguardaba de una final rellenada con expectativas.

Por la primera vez en la historia dos equipos de una misma ciudad se enfrentarían en una final, y apenas la tercera del mismo país en cuasi 60 años de competición. Más, quisiera el destino que estos fuesen los mayores clubes de Argentina, Boca Juniors y River Plate, que juntos tienen nueve títulos – esto después de períodos malos a ambos, en que River jugó la segunda división y Boca no lo fue por el sistema muy distinto de descensos y ascensos en el campeonato local.

Cuando la Confederación Sudamericana de Fútbol planea y plantea mejorar su visibilidad ante el escenario global, mirando los moldes de Uefa Champions League para promover su principal evento, no podría haber mejor oportunidad. Los ojos del mundo apuntaban a orilla del Río de la Plata, y los medios europeos dedicaban especial atención a final del superclásico. Y toda esta atención se convertido en una gigante vergüenza mundial.

Entretanto, sus cartolas discuten reglamentos, si la final es en partido único, sorteo para los octavos de final… Y olvidan el principal, la organización efectiva de una competición. Asistí la incredulidad con que los periodistas de Madrid acompañaban la secuencia de estrafalarios que llegaran a cada nueva información. Y con profunda tristeza pensaba que nada de eso me sorprendía. Yo asisto la copa libertadores hace algún tiempo, y nosotros acostumbramos con este tipo de realidad. Hinchas que se quedan por toda noche disparando fuegos artificiales para perturbar el adversario, jugadores que demandan una barrera de escudos policiales para cobrar un tiro de canto, remeso de todo tipo de objeto en el césped.

Escenas como un barra brava de usando un  casco de la policía militar, tras literalmente expúlsala de su sector después de una pelea; hinchada de  intentando invadir el campo de juego después de su equipo ser eliminado en; hinchada intentó atacar la zona de visitantes dentro del estadio. A propósito no comento fechas y equipos acá, esto ahora no importa. Importa sí que no es novedad, y año a año la Conmebol simplemente asiste a todo como se no tuviese ningún tipo de responsabilidad. Los clubes tampoco sufren cualquier tipo de sanción, y las personas ni si habla. A ellos parece ser el secreto de su hermana europea tener un himno hermoso ejecutado antes de los partidos. La organización, el calendario, nada de esto colabora

En 1985, tras la tragedia de Heysel – episodio con 39 muertos en la final de UCL entre Liverpool y Juventus – equipes inglesas fueran prohibidas de participar de competiciones continentales por cinco años. En 86 fueran instauradas las primeras medidas para contener el hooliganismo en Reino Unido, que unió acciones estructurales con leyes específicas, football banning orders. Los detenidos en peleas no pueden frecuentar estadios por hasta 10 años, teniendo que presentarse a cada juego en un departamento de policía.

Ya en Latinoamérica, ocurre el opuesto. Muy poco es hecho por los clubes, y nada por la confederación. En todos los ejemplos citados, a los equipos no les ocurrió ninguna medida grave, sino multas que no pasan de burocracias. En Brasil, después que los equipos empezaran a perder mandos de campo o jugar a puertas cerradas, el ambiente dentro y al entorno de las canchas ha mejorado, pero los problemas no han terminado. En opuesto, cualquier envuelto en una pelea tendrá como máximo problema quedarse una noche en comisaría. Y dijo aquí personas pues es muy fácil, y en Brasil les gusta este discurso, poner toda la culpa en las organizadas – grupos de hinchas, como se fuera un ser de vida propia, y no un colectivo de gente que tiene nombre, nie, enderezo. No se puede también eximir los jugadores el la cancha, cuyo comportamiento por veces parece mas un programa de lucha libre.

Esto escribo, con muchísima tranquilidad, como sudamericano y apasionado por esta modalidad que encanta millones, y que si siente entristecido a veer un evento que al envés orgullo deja vergonzosos ocurridos que no caben ha mucho en el fútbol. No pasa ser brasileño, argentino, uruguayo. El que pasó no es privilegio de los porteños, aún que la situación con las barras en efecto sea un poco diferente. Tratase sí de una deturpación que nos lleva a pensar “bien, hay algo errado acá, tenemos que arreglar”. El fútbol merece y no puede ser manchado por un bando que no sabe vivir en sociedad – y en sociedad por el todo, pues sus actitudes definitivamente no se limitan al espectro deportivo.

Tengo ganas que tendemos más una chance.   

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